El origen de la Seguridad Social y las monsergas socialdemócratas

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Se suele decir que los vencedores son los que escriben la historia según su conveniencia. No son los únicos. También hay individuos como los diseñadores del programa económico de “Podemos”, Vicenç Navarro y Juan Torres López, que describen hechos históricos como el origen de  la Seguridad Social como mejor compagina con su discurso.

En su libro “Lo que debes saber para que no te roben la pensión”, editorial Espasa, 2013, páginas 24-25, explican dicho origen del siguiente modo: “El movimiento obrero fue el que inició durante el siglo XIX la demanda de que se garantizase la seguridad y protección social de todos los miembros de la sociedad. Los movimientos socialistas reclamaron por primera vez la universalización de tal protección social, partiendo de la idea de que no es posible concebir la existencia de una auténtica ciudadanía mientras haya personas que no tengan la posibilidad de disfrutar realmente de los derechos sociales y laborales básicos. Defendieron que, si al Estado le corresponde asegurar las condiciones que permitan el ejercicio real y pleno de la ciudadanía por todas las personas, era su deber hacerse cargo también de la financiación a través de los presupuestos del Estado y de la provisión de todo aquello que fuese necesario para que tales derechos se ejercieran. Y de ahí nacieron los primeros fondosde la Seguridad Social y, poco a poco, el sistema en su conjunto.”

El movimiento obrero del siglo XIX mostraba un carácter clasista muy lejos del ciudadanismo que tanto mencionan los citados autores. En ese siglo se constituye la AIT cuyo objetivo es acabar con el Estado y el capitalismo, no poner en marcha una Seguridad Social dirigida por los Estados.

En ese siglo en Europa se producen varias revoluciones y también en los primeros decenios del siglo siguiente. Será Alemania quien establezca los primeros Seguros Sociales en Europa por iniciativa del canciller conservador Otto von Bismarck; serían los de enfermedad (1883), accidentes de trabajo (1884), invalidez y vejez (1889) y el de supervivencia (1911). Había prohibido las asociaciones socialistas y las reuniones obreras mediante una Ley de Excepción en 1878 pero el 17 de noviembre de 1881 en un discurso redactado por él y leído por el Kaiser Guillermo I en el Parlamento modificaba su política represiva declarando que “la superación de los  males sociales no puede encontrarse exclusivamente por el camino de reprimir los excesos socialistas, sino mediante la búsqueda de  fórmulas moderadas que permitan una mejora del bienestar de los trabajadores” con lo que “inútilmente tocarán entonces los socialistas la flauta” para atraer a las masas obreras. Buscaba segar la hierba bajo los pies de los socialistas, según su propia expresión.

En España y en otros países europeos imitaron a Bismarck. Aquí el Instituto de Reformas Sociales celebra una Conferencia sobre Previsión Popular en la que predominaba la idea de que el Estado apoyara las iniciativas que los trabajadores organizaban para su aseguramiento. El movimiento obrero organizó mutuas para asegurar la asistencia sanitaria, las enfermedades, los accidentes, etc. De estas mutuas autogestionadas nada dicen los economistas citados; muchas de ellas  estaban vinculadas a los sindicatos como la Mutualidad Obrera Lavianense cuyos bienes fueron incautados por el franquismo por su relación con la CNT. La clase obrera tenía iniciativa propia a pesar de la escasez de recursos económicos debida a los bajos salarios. Cualquiera puede conocer el origen de la Seguridad Social en diversos manuales, por ejemplo, en el “Manual de Seguridad Social” de José Vida Soria y otros editado por Tecnos. La versión que ofrecen los dos autores mencionados carece de rigor histórico. Parece elaborada para hacernos creer que el Estado es imprescindible y que sin dicha institución la sociedad no puede hacer nada. Sin embargo, la sociedad funcionó sin Estado durante decenas de miles de años.

El franquismo y la Seguridad Social.

Los autores afirman que el movimiento obrero a través de su presiones más o menos intensas sobre el Estado lograron que el modelo de Seguridad Social fuese más solidario o más individualista. Pero, si antes del franquismo no puede demostrar esa tesis menos aún lo va a hacer para la época franquista. Así que, ni cortos ni perezosos, tienen la desvergüenza de calificar de franquistas o legitimadores de la dictadura a quienes discrepamos de sus puntos de vista. Afirman en la página 26 que: “Los defensores de  la dictadura y algunos historiadores que desean legitimarla encontrando en ella avances sociales afirman que la Seguridad Social española se consolidó en esa etapa, pero lo cierto es que, si bien las leyes que se promulgaron en 1963 y 1966 pretendían la implantación de un modelo unitario e integrado de protección social para todos los trabajadores, la realidad fue que dejaba a muchos de ellos y a sus familias fuera de un sistema que resultaba muy insuficiente y lleno de carencias”.

La legislación relacionada con la Seguridad Social aprobada durante la dictadura franquista es abundante y no responde a presiones obreras por la situación de persecución y represión sobre el movimiento obrero, ni siquiera en los años 70, puesto que las intensas protestas se hacían por motivaciones salariales o de condiciones de trabajo, casi siempre. Lo cierto es que durante la dictadura se promulgaron, al menos, las  siguientes leyes: la Ley de 18 de julio de 1938, sobre Protección Familiar; la Ley de 1 de septiembre de 1939, sobre Seguro de Vejez; la Ley de 14 de diciembre de 1942, sobre Seguro Obligatorio de Enfermedad; la creación del “plus familiar” en 1946; la regulación en 1947 sobre el Seguro Obligatorio de Vejez e Invalidez; las que regulan la enfermedad profesional en 1947 y 1949; las de organización y funcionamiento de las Mutualidades Laborales en 1946; la nueva Ley de Accidentes de Trabajo de 22 de junio de 1956; la que instaura el Seguro de Desempleo en 1961; además de las citadas por los dos autores, o sea, la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963 y 1966 que con la Ley de Financiación y Perfeccionamiento de la Seguridad Social de 1972 que establece que se cotizaría por salarios percibidos y no por bases tarifadas -más bajas- aumentando las prestaciones otorgadas; al refundirse esta Ley con la de 1966 se da lugar al Texto Refundido de la Ley General de Seguridad Social de 1974. Bastante más que en los 30 años anteriores a la guerra civil cuando el movimiento obrero fue más potente.  Es cierto que, en algunos momentos históricos, los Estados aprueban leyes favorables a la clase trabajadora, para aplacarla con migajas y evitar concesiones mucho mayores, por ejemplo, en 1919 se aprueba la jornada de 8 horas en España después de la huelga de “La Canadiense”. Pero, en otras circunstancias y contextos políticos se legislan mejoras para la clase trabajadora sin una presión obrera decisiva. Algunos ejemplos:
1. El aumento del número de días de vacaciones, el auxilio de invierno o los viajes subvencionados para la clase trabajadora bajo el régimen nazi en los años 30 después de suprimidos los sindicatos y encarcelados o asesinados miles de sindicalistas, no es el resultado de la presión obrera.
2. Las mejoras en vacaciones, paga de Navidad, mejoras en vivienda y sanidad, alfabetización, jubilaciones e importantes aumentos de salario que se consiguieron en la época de Perón en Argentina tampoco son la consecuencia de las presiones obreras sino de los planes de Perón para atraerse a la clase trabajadora y apoyarse en ella para llevar a cabo sus planes de desarrollo industrial autóctono que la oligarquía no había llevado a cabo.

Al gobierno franquista le convenía la creación de la Seguridad Social. Las pensiones de jubilación, aunque escasas en su cuantía, también en los años de cotización exigidos para acceder a ellas, fueron bien recibidas por las  personas beneficiarias. “¡Viva Franco y arriba España, que un mes pasa enseguida!”. Esto es lo que decía un campesino humilde en una zona mayoritariamente de izquierdas de Asturias, allá por los años 70.

Los sindicatos “combativos” y la monserga socialdemócrata de las “conquistas obreras”.

En el mes de diciembre de 2014 distintos sindicatos y colectivos sociales integrados en el Bloque Combativo y de Clase publicaban un manifiesto en el que, entre otras cosas, sostenían que “Los servicios públicos y sociales no son una donación caritativa sino el fruto de lo obtenido a consecuencia de las luchas de los/as trabajadores/as que nos precedieron. Son conquistas de la clase obrera a las que no podemos renunciar. Tenemos que preservar y fortalecer estos derechos y reclamar nuestra participación en su gestión como trabajadores/as y usuarios/as”. Esta afirmación no es más que una monserga que los socialistas y otros izquierdistas no dejan de repetir desde el inicio de la crisis. Que este Bloque haga suyo este análisis y manifieste el objetivo de “preservar derechos” es una expresión de su pobreza de ideas y de su aceptación del Sistema estatal-capitalista. La clase trabajadora no debería esperar una conservación y mejora de derechos sino luchar por la destrucción del Estado y del capitalismo. Los parásitos que nos gobiernan pueden estar tranquilos ante semejante muestra de desorientación analítica y de debilidad en los objetivos. Cuando falta el coraje, abundan las pantomimas.

Sin embargo, para la izquierda socialdemócrata (ya no hay otra, excepto grupúsculos)  la estrategia está clara: el Partido (hay varios) interviene en las instituciones del Estado y los sindicatos y organizaciones sociales presionan en la calle. Lo de siempre: los sindicatos haciendo de correa de transmisión de los partidos. Un papel que la CNT no debería interpretar al menos mientras mantenga aprobados los principios, tácticas y finalidades actuales, nadie sabe por cuanto tiempo. A los otros sindicatos no hay nada que recriminarles, son organizaciones plenamente integradas en el Sistema como los llamados sindicatos oficiales, aunque muy lejos de ellos en número de afiliados, influencia social y capacidad para realizar una huelga general exitosa.

Desde un punto de vista anarcosindicalista de las jubilaciones parece ya olvidado que en algunas colectividades agrarias durante la guerra civil se implantó la jubilación a los 60 años por cuenta de la colectividad sin necesidad de estructura centralizada y con cesión de los medios de producción de las personas jubiladas a la propia colectividad. Una medida ésta bastante más sensata que la que rige en la actualidad en el actual sistema de jubilaciones agrario. Además, algunos jubilados colaboraban voluntariamente en determinados trabajos.

Por último, cabe señalar que Navarro y Torres López sugieren varias reformas en pensiones: aumentar en dos puntos la cotización empresarial y la cotización que se deduce al trabajador, ajustar la cotización de los autónomos a sus ingresos reales para aumentar su aportación y poner a trabajar (y cotizar) a parte del numeroso colectivo de viudas, etc. ¿Va a  apoyar el Bloque  “combativo” esas sugerencias como hizo con la renta básica, ahora aparcada del programa económico de Podemos?

Gerardo Fernández

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